Allá en medio del océano Pacífico y en un clima tropical, hay un conjunto de casi un millar de islas englobadas dentro de un gran triángulo. EImage result for La Ote’a: una danza sobre la vidaste es el espacio geográfico que conforma las Polinesias.

Cerca del siglo VII después de Cristo, estas islas comenzaron a ser habitadas por varias oleadas de humanos provenientes de Asia. Durante unos mil años, los polinesios, grandes navegantes, establecieron en ese espacio sus propias culturas y tradiciones.

Al norte de las Polinesias está Hawaii. Al Sur, se ubica Tahití. La primera fue colonizada por los británicos durante el siglo XVIII. Luego la isla pasó a manos de Estados Unidos. Tahití por su parte, fue colonizada por los franceses. Actualmente es un estado autónomo.

El idioma polinesio con todas sus variantes aún se conserva y se combina con las lenguas dominantes: inglés y francés. Sin embargo, durante cientos de años, la forma en que estas comunidades transmitieron su cultura fue a través de sus danzas y de la lengua hablada.

Mientras los hawaianos desarrollan un sistema de danza principalmente ceremonial religioso, los tahitianos se van más por la fuerza y la descripción del mundo que les rodea. En ese sentido, la Ote’a (u Otea) es practicada por hombres y mujeres, en grupos separados por sexo o mixtos.

Se baila al son de tres tipos de tambores: uno grande de madera con una ranura central golpeado por palos; un tambor de pie, cubierto por una piel de tiburón (pahu) que se toca con las manos o con palos; y un tamborcito pequeño (faatete).

El ritmo normalmente es muy rápido, y se fundamenta en un juego de caderas y piernas. Para los hombres los movimientos se basan en sus actividades de navegación o de combate. Mientras que para las mujeres, la danza elige movimientos relacionados con su acicalamiento o su relación con la naturaleza que las rodea.

La Otea es intensa, apasionada y realmente hermosa.